miércoles, 21 de mayo de 2014

Aditivos alimenticios 7: Potenciadores de sabor


Parece una “perogrullada”, pero el sabor y el olor son dos cosas completamente distintas, aunque pueden ser complementarias. Para un alimento, tan importante es el olor, como el sabor. Uno se asocia al sentido del olfato y el otro al sentido del gusto.

Ya hemos indicado, que a veces, es necesario adicionar un “corrector” del color para que algunos alimentos conserven su color original. De la misma forma, la conservación del sabor de los alimentos es esencial para su aceptación por el paladar humano. Ocurre que a veces durante el procesado de algunos alimentos se pierde parte de su sabor. En otras ocasiones, es deseable resaltar el sabor de algún otro alimento. Todo ello se puede mejorar con los “potenciadores de sabor”.

Una de sus características es que no suministran ningún nuevo sabor a sus preparados.
Hay que tener claro que una cosa es “potenciar el sabor” de un alimento y otra “añadir” una sustancia “que le dé sabor”; estos son los “saborizantes”, de los que hablaremos en otro momento. Con la aparición de las sofisticadas técnicas químicas actuales se han podido determinar cuales son las moléculas activas responsables del sabor y el olor de determinados productos alimenticios. Esto ayuda a la hora de reemplazar o potenciar determinados sabores u olores.

Últimamente, se ha ampliado la lista clásica de sabores, al tener en cuenta las diferentes sensaciones que se producen al percibirlos.  Así, en la literatura alimentaria se habla de siete sabores o gustos diferentes: dulce, ácido, amargo,  salado, “umami” (sabroso), picante y metálico. El “umami” es una palabra de origen japonés que recuerda al extracto de carne.  Pues bien, todos estos sabores pueden ser “potenciados” o “resaltados” con una serie de sustancias especiales, casi todas de origen natural.

Los “potenciadores del sabor” más utilizados son los siguientes:

a) Ácido glutámico y sus sales (E-621 a E-625): Se suelen utilizar las sales de sodio, potasio, calcio, amonio y magnesio. Estos compuestos se descubrieron en unas algas japonesas. En la actualidad se obtienen por fermentación de residuos de la industria del azúcar. Estos compuestos también se encuentran en los tomates, los champiñones, el atún y algunos quesos. Su toxicidad es insignificante a las dosis recomendadas. Se usan en multitud de preparados alimenticios, por ejemplo, las sopas instantáneas deshidratadas, los “cubitos” para hacer sopas y salsas, en condimentos, etc.

b) Ácido guanílico y sus sales (E-626 a E-629), y ácido inosínico y sus sales (E-630 a E-633): Se obtienen por hidrólisis de extractos de carnes, pescados y levaduras. Estos son potenciadores de sabor mucho mas potentes que los glutamatos. Se utilizan en fiambres, patés, sopas deshidratadas, salsas, etc.

c) Maltól (E-636) y Etil-maltól (E-637): Se forman durante el calentamiento de la fructosa; también en el tostado de la malta, café, cacao. El etil-maltól es un potenciador mas potente que el maltól. Son potenciadores del sabor dulce y tienen un olor a caramelo, por lo que se utilizan para pastelería, repostería, confitería, yogures, chicles, etc.

d) Algunos ácidos libres: Los siguientes ácidos se utilizan para resaltar el sabor o el grado de acidez de muchos alimentos. Entre ellos están: los ácidos acético (E-260), ascórbico (E-300), cítrico (E-330), fumárico (E-297), láctico (E-270), málico (E-296), fosfórico(E-338) y tartárico (E-334).

Más adelante hablaremos de los “aromatizantes o saborizantes” que dan sabor a algo que no lo tiene. Estas sustancias son tan importantes en alimentación que se ha producido una explosión de productos con este cometido, se han autorizado cerca de tres mil, e incluso se les identifica de forma diferente a los demás aditivos.


Por: El alquimista molecular


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